Cada vez que salimos a la calle tenemos que comprarle algo

 

Kiosko

Imagen tomada de MorgueFile.com

“Tenemos un niño de cinco años y cada vez que salimos a la calle hay que comprarle algo: una chuchería, una bola con sorpresa, un cochecito… es imposible salir y que no tengamos que pararnos en algún kiosco a comprar. No es por el gasto, sino porque creemos que lo estamos acostumbrando mal. Además se está convirtiendo en un motivo de disputa entre la pareja. ¿Qué podemos hacer?”

En primer lugar, es algo que como padres deben hablar tranquilamente y llegar a un acuerdo, de manera que sea la que sea, mantengan la misma actitud delante del niño y el mensaje no sea contradictorio para él.

Considero que ese hábito no es adecuado para el niño; estoy seguro de que pueden afrontar ese pequeño gasto diario, pero no es un hábito sano para el niño. En el fondo es inculcarle poco a poco una actitud consumista: comprar por comprar, sin tener necesidad, solo por el placer de comprar. Tendrá muchas cosas pero no les dará valor, porque para el niño el placer no está en jugar con determinado objeto, sino el acto de adquirirlo; y este placer finaliza cuando ya se tiene, volviendo de nuevo la necesidad de adquirir otra cosa.

Si se trata de chucherías, mi postura es que las chucherías no son alimentos saludables y por tanto, deben quedar para ocasiones especiales por aquello de que “una vez al año no hace daño”, pero no mucho más. Como comestible habitual no soy partidario de ello… los niños se pueden acostumbrar a no tomarlas; muchos niños no las prueban.

Mi consejo es eliminar este comportamiento consumista como forma habitual de conducta. En ciertas ocasiones se puede hacer: en un viaje, unas vacaciones… pero no como rutina diaria. Mi consejo es seguir estos pasos:

1º.  En primer lugar, que como pareja acuerden si quieren cambiar este comportamiento. Si una de las dos partes no está dispuesta a colaborar es inútil intentarlo, pero entonces el problema no lo tendrá el niño…

2º. Antes de salir a la calle hablen con el niño y avísenle de que daremos un paseo pero que ya no van a comprar tal o cual cosa donde siempre. No le hablen en tono amenazante, simplemente le informan de lo que va a suceder.  Le pueden intentar explicar que no es algo necesario y que se puede entretener con otros juguetes o con otras cosas de casa. Si comienza a protestar, no intenten razonar, no será muy efectivo.

3º Cuando salgan a la calle deben hacerlo con la determinación de que van a actuar correctamente. Si es posible, eviten los lugares de “riesgo”: kioscos, máquinas expendedoras de sorpresas… Pero si llegado el caso el niño se encapricha, deben negarse rotundamente y hacer un esfuerzo por ignorar sus protestas o su pataleta que les aseguro, será intensa. No intenten razonar en ese momento, simplemente digan que no van a comprar nada y que siguen su camino.

4º.  Hagan un esfuerzo por ganar esta “primera partida”. Todos se sentirán mal, pero si llegan a casa sin haber comprado el capricho del día, habrán realizado gran parte del trabajo.

5º.  El resto de los días deben proceder de la misma manera. En menos de diez días el comportamiento del niño a este respecto habrá cambiado.

Jesús Jarque García

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