¿Ser tímido es un problema?

16 junio, 2013

Imagen tomada de Photl.com

“Estamos muy preocupados porque nuestra hija de 6 años es muy tímida. Cuando vamos al parque siempre está pegada a nosotros y hasta que no coge confianza no se decide a ir a jugar. Tiene que conocer muy bien a los chicos para relacionarse con ellos. Además, nos molesta que casi nunca responde cuando los vecinos u otras personas que lo conoce lo saludan.

Nada que ver con su hermana mayor que es muy extrovertida: se relaciona con todo el mundo y no tiene problema para jugar con quien sea. Estamos preocupados ¿Qué hacemos?

Esta suele ser una preocupación importante para algunas familias. En esta entrada voy a abordar el tema de la timidez en los niños: ¿es realmente un problema?

Nada que ver con su hermana mayor que es muy extrovertida: se relaciona con todo el mundo y no tiene problema para jugar con quien sea. Estamos preocupados ¿Qué hacemos?

Esta suele ser una preocupación importante para algunas familias. En esta entrada voy a abordar el tema de la timidez en los niños: ¿es realmente un problema?

¿QUÉ ES SER TÍMIDO?

Los padres suelen describir cómo tímido a los hijos que presentan características como las siguientes:

  • No toman la iniciativa para relacionarse con los demás;
  • Necesitan sentirse en un ambiente seguro para relacionarse;
  • Prefieren relacionarse con pocos niños a hacerlo en gran grupo.
  • No suelen ser asertivos, es decir, les cuesta o son incapaces de decir “no”,  de expresar su opinión o sus preferencias, cuando parece adecuado hacerlo.
  • Por último, los describen como niños con cierto mutismo, no responden si les saludan personas conocidas o se refugian en sus padres en muchas situaciones sociales.

¿CUÁNDO ES UN PROBLEMA?

Efectivamente, la timidez puede llegar a ser un problema, pero solo en determinadas circunstancias. En términos globales podemos decir que es un problema si les impide funcionar con normalidad en su vida cotidiana. Pero este es un indicador demasiado genérico, así que de forma más concreta les puedo decir que la timidez es un problema si se dan estas condiciones:

  • La timidez le impide establecer vínculos con personas diferentes a su familia.
  • Provoca en el niño o la niña un malestar o sufrimiento importante. Quisiera actuar de otra manera, pero se siente dominado por la timidez y no puede… y eso le hace sufrir. El malestar se suele manifestar como miedo o ansiedad ante las situaciones en las que tiene que relacionarse con los demás o verse expuesto a otras personas.
  • Le impide realizar actividades habituales de los niños: participar en clase, jugar con otros niños, comprar, pedir ayuda, acudir o celebrar eventos infantiles como cumpleaños o fiestas.
  • También resulta un obstáculo para defender mínimamente sus derechos: no ser tenido en cuenta, que lo culpen injustamente o quedar al margen.

¿CUÁNDO NO ES UN PROBLEMA?

Lo que no puede considerarse un problema es el hecho de que un niño no sea especialmente popular o líder entre los demás, que no tome la iniciativa para organizar actividades grupales o que no tenga eso que se llama “don de gentes”.

Hay niños y personas que prefieren las relaciones en pequeños grupos, que les gusta pasar más desapercibidos o se sienten más cómodos en un segundo plano. Son también niños y niñas que les gustan más las amistades con un reducido número de chicos o chicas que la relación de pandilla.

Por otro lado, esta forma de ser “menos popular”, no le impide funcionar con normalidad, como es participar en determinadas actividades grupales en el colegio y fuera de él. Y por último, su forma de ser no le produce ni malestar, ni sufrimiento. Pueden resultarle difíciles o incomodas determinadas situaciones, como iniciar la relación con niños desconocidos, pero la inquietud que le provocan esas situaciones no llegan a dominarle ni controlarle.

Por ello, los niños que tienen esta personalidad, algo más alejada de la extroversión, no deben tener la consideración de problemáticos, al contrario, deberían ser valorados y aceptados como una forma de ser adecuada, por su educadores y por su padres.

La próxima entrada la dedicaré a ofrecer unas pautas para abordar la timidez, cuando esta es problemática.

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Cómo se enseñan las habilidades sociales

9 junio, 2013

Imagen tomada de Morguefile.com

En una entrada anterior expliqué que eran las habilidades sociales y su importancia en la educación de un niño. En esta entrada voy a tratar de exponer, de forma resumida, algunas de las estrategias que os pueden ayudar a los padres y educadores a enseñar esas habilidades a vuestros hijos o alumnos. 

1. SER EJEMPLO POSITIVO

Ya lo saben, los niños aprenden sobre todo por el ejemplo que le dan las personas significativas para él. En este caso, la principal referencia son sus padres. Si el ejemplo es inadecuado… también lo imitarán.

Ellos observan e imitan cómo se relacionan entre ellos papá y mamá, y cómo lo hacen con el resto de personas con las que entran en contacto.

Imitan cómo actuamos con los demás en determinadas circunstancias: al iniciar una conversación, al pedir algo, a reclamar, a expresar nuestro enfado…

El problema es que nos observan e imitan en todo momento, no solo cuando nuestro comportamiento es ejemplar.

Si lo pensamos bien, muchas de nuestras reacciones y patrones de relación con las personas, son una repetición de lo que observamos en las personas significativas para nosotros.

Por tanto, ser un ejemplo positivo en todo momento es la primera medida que pueden adoptar.

2. HABILIDADES QUE SON REFORZADAS

El refuerzo positivo de determinadas habilidades y conductas provocan un aumento de la probabilidad de que estas se repitan. De manera intencionada o no, muchas habilidades sociales de los niños son reforzadas positivamente por las consecuencias que tienen.

Por ejemplo, algunas consiguen la aprobación y el elogio de los demás, que se preste atención; o por el contrario, consiguen obtener ciertos privilegios, como la sumisión de los otros. Son formas de refuerzo que algunas habilidades pueden obtener, aunque sean habilidades inadecuadas.

Pensemos en un niño que habitualmente amenaza a los demás como forma de conseguir las cosas. Comprobará que su conducta es reforzada, porque efectivamente la amenaza tiene consecuencias positivas para él: consigue dominar a los demás.

Por eso, los padres y educadores tenemos que tener especial cuidado en qué habilidades reforzamos en los chicos que tenemos con nosotros, porque es una forma de enseñar habilidades sociales, aunque sea inadecuada.

Podemos reforzar  las habilidades adecuadas con aprobaciones del tipo: “así me gusta que actúes” o “la próxima vez, tienes que hacerlo igual”. Incluso los educadores podemos poner alguna habilidad de ejemplo resaltándola ante los demás: “¿Habéis visto lo que ha hecho Luis? Le ha tirado el cuaderno a su compañero al pasar sin querer, se lo ha recogido y le ha pedido disculpas”

3. ENSEÑANZA DIRECTA

Por un lado, consiste en enseñar directamente cómo se tiene que actuar. Por ejemplo, enseñamos directamente a saludar, a iniciar una conversación, a hacer cumplidos o a expresar que algo nos está molestando.

Pero por otro lado, también es enseñanza directa cuando ofrecemos una habilidad alternativa a otra que es claramente inadecuada.

Por ejemplo, si una niña pega cuando otra pequeña no la deja jugar, le podremos enseñar directamente, otra conducta alternativa a la de pegar.

4. CUENTOS

Los cuentos tienen el don hacerse comprender perfectamente por los niños. Muchos cuentos enseñan algunas habilidades sociales y los niños las pueden interiorizar con más facilidad.

Mi libro Cuentos para portarse bien en el Colegio, contiene varios relatos que enseñan algunas habilidades sociales como ser asertivo, hacer cumplidos o iniciar conversiones para entablar amistad

5. DRAMATIZACIONES O JUEGOS DE ROL

Por último, una herramienta sumamente eficaz, aunque poco utilizada, son las simulaciones o juegos de rol.

Son muy efectivas porque sirven para practicar, poner a prueba y de esta forma adquirir, muchas habilidades sociales. Consiste en crear una situación ficticia en la que tenemos que actuar. Podemos dramatizar cualquiera de las situaciones habituales: el inicio de una conversación, reclamar algo, solicitar participar en un juego, responder a un insulto…

No solo son efectivas para las personas que la realizan, sino también para los observadores participantes que contemplan las escenas.

Los juegos de rol, permiten correcciones de las habilidades y volver a practicar. Parece que las personas que los practican, tienen facilidad para aplicarlo en situaciones reales.

Para realizar dramatizaciones, basta con practicar con situaciones habituales, señalando claramente qué habilidades deben poner en jugo.

RECAPITULANDO

Para enseñar habilidades sociales a nuestros hijos, a nuestros alumnos, podemos empezar por utilizar estas técnicas:

1. Ser ejemplo positivo

2. Reforzar habilidades adecuadas

3. Enseñarlas directamente u ofrecer conducta alternativa

4. Utilizar cuentos

5. Utilizar dramatizaciones o juegos de rol

¿Nos ponemos manos a la obra?

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Cuando los padres se entrometen

2 junio, 2013

Fotografía de Phaewilk

Esta entrada está dedicada a las familias con hijos de la edad de Educación Primaria, de los 6 a los 12 años. En ella me voy a referir a los padres y madres que intervienen directamente cuando sus hijos tienen conflictos con alguno de sus compañeros. Como veremos a continuación, suelen empeorar las cosas en la mayoría de los casos.

DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO

Los conflictos entre los niños son bastante frecuentes en la escuela, basta con pasar no más de diez minutos en un patio de recreo para ilustrarse cientos de casos reales. No me estoy refiriendo a situaciones de violencia o acoso escolar. Me refiero a los habituales enfados de “ya no soy tu amigo”, “ya no juego contigo”, “me has insultado”… como se dice en mi zona: “ya no te junto”.

Los motivos suelen ser bromas, cambios de preferencias entre los amigos, disputas por un juguete o similares. Esos conflictos suelen ser bastante superficiales, normalmente los niños los resuelven pacíficamente y en poco tiempo: a primera hora de clase dejan de ser amigos, y al terminar el recreo ya son tan amigos como antes.

A veces, los educadores mediamos quitando importancia a la “ofensa” y animando a la reconciliación: “pídele perdón y volved a ser amigos”. Es una medida que suele resultar eficaz. Otras veces tenemos que ser árbitros de multitud de situaciones y como la justicia, solemos ser ciegos y desgraciadamente no siempre acertamos… pero son asuntos menores.

CUANDO LOS PADRES SE ENTROMETEN

Pero en algunos casos, el enfado dura algo más o sucede al final de la mañana, de manera que no da tiempo a la reconciliación y los chicos se van a casa con el enfado.

Como es normal, el enfado se comenta en casa. Algunos padres actúan con bastante sensatez, como lo hacemos los educadores en el colegio, pero algunos prefieren tomar cartas en el asunto a la primera y pasan a la acción con un: “se va a enterar ese niño mañana”.

Al día siguiente el papá o la mamá de ese niño ofendido la emprende con el otro niño o niña en cuestión, que por cierto muchas veces no se acuerda de lo que sucedió, y ya tenemos el problema. He visto como algunos padres reprendían a los niños delante de sus padres, poniéndolos en la tesitura de “defender” a sus hijos y responder. Si ven que tratan a su hijo con malos modos, hablando de adulto a niño, ellos responde de forma más bien agresiva.

El conflicto pasa de los niños a los padres y la situación empeora. Un problema que era de niños, ahora pasa a ser un problema de adultos, con soluciones de adultos: se puede pasar a insultos que no se deberían escuchar en una escuela, hasta las amenazas, agresiones físicas o llegar a la denuncia.

QUÉ HA OCURRIDO

Como ven, cuando los padres se entrometen en este tipo de situaciones, suelen empeorarlas. El motivo creo que es muy sencillo: una situación infantil, se ha analizado y querido resolver con perspectiva de adulto.

Como he dicho, los niños no suelen guardar rencor, son más propensos a perdonar y generalmente la dinámica habitual es que esos pequeños problemas los solucionan ellos solos.

Los adultos, lo analizamos como adultos, con sentimientos más fuertes de rencor, venganza y menos de perdón. Cuando ya se produce un enfrentamiento entre padres, la situación pasa a otro nivel de gravedad en la que se ven involucrados los propios chicos y que claramente empeora y enquista las cosas.

ENTONCES, QUÉ HACER

No se trata de mirar para otro lado, sino de valorar las situaciones en su justa medida y según las perspectiva de los propios niños. En esto, creo que los educadores deberíamos ser una voz autorizada.

Los adultos (padres y educadores) debemos mediar en estas edades y enseñarles a resolver los problemas interpersonales de forma adecuada. Normalmente, les podemos ofrecer pautas y estrategias de actuación: habilidades sociales, que decíamos en una entrada anterior.

Tenemos que estar atentos cuando esos conflictos van a más: en ese caso sí debemos intervenir, intentando impartir justicia y corrigiendo, probablemente con más contundencia.

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¿Cuánto tiempo dedicar a la comida?

26 mayo, 2013

Imagen tomada de Photl.com

 Esta una pregunta práctica y concreta que muchas familias se plantean. ¿Cuánto tiempo deben estar los niños en la mesa comiendo ¿hasta que se lo comen todo? ¿Una hora, dos?

 En esta entrada les voy a ofrecer unas orientaciones sobre estas cuestiones.

DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO

La pregunta se la suelen hacer familias en las que el tiempo dedicado a la comida suele ser interminable. Hay hogares en los que el almuerzo comienza las dos y media, y son las cuatro de la tarde y todavía están en ello.

Como muchas actividades y hábitos de los niños debe tener un principio y fin claramente definido.

CUÁNTO TIEMPO

Media hora es más que suficiente para la comida en familia y puede considerarse el tiempo promedio. Prolongarlo más allá, suele ser contraproducente.

En media hora hay tiempo de sobra para hacer una comida tranquila. La mayoría de las familias optan por un plato único y un postre. En otras, hay dos platos y el postre. En cualquiera de los casos, la media hora señalada es un tiempo adecuado para comer.

Se le ofrece la comida, se retiran las distracciones y no se le insiste ni se le obliga. Cuando no quiere más, no se hacen comentarios despectivos, ni lamentos. Pasado el tiempo se retira la comida tranquilamente.

Si ha comido poco no se le ofrece un postre más abundante para compensar, sino la cantidad que estuviera prevista, por ejemplo, media pieza de fruta.

Si no quiere comer más porque quiere ir a ver su programa de televisión o a jugar, debemos procurar que permanezca al menos, un cuarto de hora en la mesa, conversando con los demás mientras el almuerzo termina.

Pasado el tiempo, la comida se da por concluida, tanto si ha comido mucho como sí no ha comido nada.

Y SI NO HA COMIDO LO SUFICIENTE

Es posible que cuando pongan en práctica esta técnica, el niño o niña coma menor cantidad y tengan la sensación las primeras veces de que no ha comido nada. Probablemente suceda y esta circunstancia cambiará conforme vayan aplicando estas medidas.

Simplemente lo que tendremos que hacer es esperar a la siguiente comida, la merienda. En ella le ofreceremos una merienda habitual, no aumentaremos la cantidad para compensar. Es decir, que continuamos la rutina en el resto de comidas del día.

EVITAR

Lo que sí es clave es no ofrecer ni dejar al niño comer entre comidas, por tanto, que no tome alimentos desde el almuerzo a la merienda, aunque tenga hambre.

Por supuesto, esto funcionará si el niño ha estado sin comer entre una hora y hora y media antes del almuerzo. Es decir, que tomó un tentempié a media mañana y que no ha comido o picado antes del almuerzo, especialmente chucherías que tienen un gran efecto saciante.

Ya me contarán qué tal les va

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Se porta mal para llamar la atención

13 mayo, 2013

Imagen tomada de Morguefile.com

“Nuestro hijo de 6 años lleva un tiempo que ha empeorado su comportamiento. No para de hacer trastadas, no hace caso y siempre tenemos que andar regañándole y castigándolo. En el colegio ha empezado a portarse mal y dejar de trabajar. En casa no hay ningún problema, creemos que se porta mal, simplemente para llamar la atención. ¿Qué hacemos?”

¿Verdad que les suena? Esta suele ser una de las demandas más habituales… demanda con diagnóstico añadido: la causa de portarse mal, es querer llamar la atención de sus padres.

EN QUÉ CONSISTE EL PROBLEMA

Como se acaba de indicar, parece que el comportamiento negativo del niño o de la niña lo que busca es atraer la atención de sus padres. La atención es uno de los “premios”, reforzadores se llama técnicamente, más potentes en la conducta infantil.

Se corresponde también con lo que algunos padres acuden con cierta desesperación con expresiones como las siguientes: “ya no sé qué hacer, hemos probado todo y nada nos funciona; lo castigamos y parece que no le importa nada…” El niño consigue el premio, la atención, y el castigo, le importa menos.

CAUSAS

1. No se les presta atención adecuada

Los niños reclaman la atención de sus padres… generalmente por algo muy sencillo: no reciben la atención suficiente. Es posible que el comportamiento adecuado no se haya reforzado y no se le preste atención, mientras que sí se atiende de forma especial cuando se porta mal, aunque sea para regañarle. Es en esos momentos cuando se dirigen a él, lo dejan todo, hablan con su maestra… pero cuando el comportamiento es adecuado, no se actúa.

Otros niños solo consiguen que le hagan caso, cuando hacen trastadas o su comportamiento es inadecuado. Suelo presenciar la escena de niños que llaman a sus padres de forma adecuada y que no son atendidos; hasta que no gritan o chillan, no los tienen en cuenta.

2. Quieren toda la atención

Es menos frecuente, pero sucede que en otros casos, los niños no solo quieren atención, sino que la quieren toda y en exclusiva.

Es el caso de algunos niños con hermanos pequeños, que solo quieren que se les atienda a ellos y que utilizan esta estrategia cuando sus padres desvían la atención hacia el otro hermano… pero la verdad, suele ser muy poco frecuente.

QUÉ HACER

Creo que a estas alturas de la entrada, ya saben cuál es la intervención que tienen que seguir:

1. Prestarle atención

Tienen que prestarle atención a su hijo o hija. Prestarle atención no es matarse de trabajar para que no le falte de nada. Eso está muy bien y tiene mucho mérito. Prestarle atención es atenderlos, que en determinados momentos tengan la exclusiva. Los niños que conozco lo explicarían de esta forma:

- Que me lleve o me traiga del cole.

- Que vea como juego.

- Que me escuche cuando le cuente lo que ha ocurrido durante la mañana.

- Que responda a mis preguntas… también a las difíciles y comprometidas.

- Que me lleve al parque.

- Que me enseñe cosas.

- Que se revuelque conmigo en el suelo, jugando.

- Que me vea como patino, como monto en bici, como bailo o cómo juego al fútbol.

- Que me cuente un cuento antes de dormir…

- Que me regañe cuando hago algo mal.

2º. Ignorar las conductas inadecuadas

Cuando sean capaces de prestar atención a sus hijos e hijas de ese modo, podrán ignorar las conductas inadecuadas, siempre que sea posible hacerlo, de manera que descubran, que papá y mamá les atiende mucho más cuando se portan bien, que cuando se porta mal.

Y es que todas las personas necesitamos nuestra cuota de atención; los niños también y harán lo que sea, por tener su tanque, su depósito de atención repleto.

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