La metáfora de la bicicleta

Durante muchos años me ha gustado mucho montar en bicicleta y el ciclismo. Lo he practicado como aficionado, pero he disfrutado mucho subido en ella: era una forma de practicar deporte, de relajarme… de terapia. Siempre recuerdo las subidas (y las bajadas) a la sierra de Córdoba por distintas vertientes, los paseos en Sevilla a Isla Mayor o a la Sierra Norte.

La bicicleta una metáfora de la vida

Imagen tomada de MorgueFile.com

Pero en la bicicleta también he aprendido para la vida, especialmente lo aplico en los momentos de dificultad. Porque la bicicleta, el ciclismo, es una metáfora perfecta para comprender y aprender a afrontar las vicisitudes de la vida. Puedo decir que es un instrumento de coaching perfecto. Ahora les cuento.

1. Los tramos llanos

En los tramos llanos se trata de mantener una cadencia de pedaleo, como en la vida, lo importante en los momentos más tranquilos es mantener un ritmo. Si sopla viento en contra, protegerte con otros compañeros o con la cuneta, y si sopla viento favorable, aprovecharlo y ganar en velocidad.

2. Cambiar el desarrollo

Pero lo que más enseña el ciclismo es a afrontar las dificultades, las rampas de la vida, las subidas. La primera estrategia para los que solo somos aficionados y no tenemos ni piernas, ni corazón, ni pulmones para subir un puerto o una cuesta más larga de lo habitual sin despeinarnos, es cambiar el desarrollo: bajar el plato, subir piñones.

Podríamos decir que es adaptarnos a las circunstancias, a nuestras posibilidades y a nuestras fuerzas: cambiar al plato pequeño de nuestro ritmo y añadir piñones. Si nos queremos hacer los duros o  gastamos las fuerzas al empezar el puerto por no cambiar de desarrollo… no podremos culminarlo.

3. Dosificar las fuerzas

Además de cambiar el desarrollo a uno que se adapte mejor a nuestra capacidad, no podemos cebarnos y gastar todas las fuerzas de golpe: tenemos que dosificarnos.

En las “rampas” de la vida sucede igual, tendremos que ver la “longitud” de la dificultad, la “dureza” de la pendiente y dosificar nuestras fuerzas y bajar el ritmo. Lo importante es seguir rodando, seguir avanzando aunque sea más despacio.

4. No mirar al horizonte

Cuando he tenido que subir alguno de esos tramos que he nombrado, me ayudaba no mirar demasiado al horizonte. Cuando lo haces, ves que hay una larga distancia que en el momento del esfuerzo parece que no vas a poder recorrer, o lo que es peor, no ves el final de la subida.

En los problemas de la vida ocurre algo semejante: si miras al futuro no ves el final o lo ves tan lejano que te parece imposible. A mí me ayudaba mirar a corta distancia, a la próxima curva, el avanzar de la rueda…

5. Poner pie a tierra

En algunas rampas las fuerzas ya no te permiten pedalear y tienes que poner pie a tierra. ¡No importa! En la sierra de Córdoba hay una subida del 14 % que solo con entrenamiento (y una buena bici) la subes sin bajarte.

Poner pie a tierra, supone tomarte un respiro, ser realista, recuperar fuerzas y avanzar más despacio… pero avanzar.

6. Las subidas terminan

Afortunadamente las subidas terminan, tienen una meta que parece no llegar nunca. Después suele venir un alivio: un tramo llano o una bajada. En estos momentos recuperamos muchas fuerzas, y la velocidad y el viento nos refrescan y las piernas se descargan.

Los momentos complicados y difíciles suelen terminar de una u otra forma y después, cuando ya han pasado y tomamos una bajada, nos recuperamos, nos refrescamos… y olvidamos parte de la dureza de lo vivido.

7. Los pasos estrechos

Cuando he recorrido caminos, veía a lo lejos que el camino se hacía demasiado estrecho, que había una piedra, una rama o un obstáculo que me iba a impedir atravesar. Sin embargo, cuando ya estabas cerca te dabas cuenta de que había espacio suficiente para pasar con la bicicleta y que no había problema.

En la vida sucede igual: desde la distancia del tiempo agradamos las dificultades que nos esperan, pero más tarde, cuando las tenemos encima las solemos ver más llevaderas y fáciles de afrontar. No agobiarse demasiado por lo que pueda ocurrir: cuando llegue se afrontará.

8. Disfruta del paisaje

En las subidas y dificultades nos centramos en el esfuerzo que estamos haciendo. Es bueno levantar la vista y disfrutar del paisaje que tenemos delante. En esa subida que tantas veces he hecho en Córdoba había lugares excepcionales como el mirador Natural, las Ermitas o el Lago de los Arenales.

La vida es un camino y aunque hay subidas costosas y dolorosas, no dejemos de mirar y admirar lo maravilloso que tenemos a nuestro alrededor.

9. Sigue la rueda

Si practicas el ciclismo con un compañero o compañera verás que es mucho más llevadero. En la subida a un puerto, tener una rueda a la que seguir siempre es un alivio… y en otros momentos tienes que entrar al relevo y ser tú el que tires del compañero.

En las dificultades de la vida, se sobre llevan mejor con compañía. En algunos momentos es el otro el que tira… “y tú vas a rueda”, pero si entras en los relevos, darás un respiro a tu compañero o compañera y ambos seguiréis avanzando y escalando sin parar.

10. Si te paras… te caes

Ese es un principio del ciclismo… y de la bici: si se para, te caes. Por tanto, siempre hay que estar en movimiento, más despacio o más deprisa, pero no podemos parar.

Me gustaría que esta entrada os animara a todos los que tenéis dificultades y sobre todo nos ayudara a afrontar este momento de comienzo de año, teniendo presente… la metáfora de la bicicleta. ¡Ánimo siempre adelante!

 

Jesús Jarque García

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