A los pediatras de mi cole

Trabajo como orientador en un colegio público de Educación Infantil y Primaria en Castilla-La Mancha, España. La mayoría de los alumnos del colegio tienen la asistencia sanitaria en el mismo centro de salud y son atendidos por el mismo grupo de pediatras. Dos de ellos son prácticamente fijos: La Dra. María del Carmen Calavia y el Dr. Enrique Espejo; otros han rotado más y lamentablemente no puedo ofrecer sus nombres, pero los hago partícipes igualmente del contenido esta entrada.

Los pediatras del centro de salud

 

Quiero escribir una especie de “carta abierta” sobre mi relación con este servicio y sobre la incidencia que su labor ha tenido tanto en el alumnado como en las familias que atiendo como orientador.

Ambos, pediatras y colegio, trabajamos con las mismas personas y familias: para ellos son su pacientes, para nosotros, alumnos.

Se trata de un colegio relativamente grande para la localidad en la que está ubicado: algo más de 400 alumnos. Entre ellos hay un grupo considerable de niños y niñas con necesidades especiales o que requieren algún tipo de atención conjunta entre el centro educativo y el servicio pediatrico. Me refiero al alumnado con trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), con trastornos generalizados del desarrollo (TGD) o con dificultades o problemas de lenguaje y comunicación. Además existen otros casos que requieren una valoración pediátrica previa para decidir si deben ser derivados a otros especialistas por diversos problemas relacionados con la salud mental infantil.

Características de la colaboración

El primer contacto

En realidad solo nos hemos visto una vez de manera “formal”. Al poco de llegar al colegio pasé por el centro de salud y les hice una breve visita. Me presenté como orientador y les dije que estaba dispuesto a colaborar con ellos. Tuve la sensación de que la propuesta era bien acogida y había buena intención por ambas partes. Nunca hemos tenido otro tipo de encuentro similar.

Libertad, confianza y seguridad

Pero al margen de formalismos, la colaboración ha existido y considero que la relación ha sido positiva para el alumnado y sus familias. He tenido la libertad y la confianza de poder derivar a las familias a su pediatra, después de haber evaluado la situación y tener argumentos para hacerlo. Soy consciente de que tienen una sobre carga de trabajo y previamente el orientador debe realizar  un cribado.

Lo he procurado hacer con respeto profesional: nunca he indicado lo que deberían o no de hacer como pediatras, sino más bien que tomaran en consideración mis conclusiones a la hora de tomar decisiones clínicas, como realizar pruebas médicas o derivar a otros especialistas.

También lo he podido hacer con la seguridad de que mi petición iba a ser tenida en cuenta.Por las informaciones que las familias me devolvían, creo que la libertad, confianza y seguridad han sido mutuas.

Respeto profesional

Otra clave de la relación se ha basado en jamás entrar por mi parte a valorar cuestiones médicas, por ejemplo no hacer valoraciones del hecho de prescribir o no cierta medicación, de hacer o no determinadas pruebas… mi mensaje para las familias siempre era el mismo: “yo no soy médico, ellos son los profesionales y los expertos en el tema; no puedo opinar de lo que desconozco; hagan lo que le dicen“.

La misma sensación he tenido del equipo de pediatras: en estos años ninguna familia ha venido a decirme “de parte del pediatra” cómo había que enseñarle a los niños, si debería o no recibir apoyo o si había que utilizar tal o cual material psicopedagógico.

En alguna ocasión sí han acudido padres y madres aconsejados por el pediatra para que como orientador abordara ciertos temas: problemas de sueño, de conducta, de hábitos…esto ha reforzado aún más mi papel como profesional.

Los frutos de la colaboración

Desde mi punto de vista escolar la colaboración ha dado importantes frutos. Muchos alumnos del centro han sido derivados a los servicios pediátricos y estos a su vez los han derivado a servicios de salud mental infanto juvenil o de neuropediatría para recibir una respuesta clínica  a sus dificultades, además de la respuesta educativa. Ha sido el caso de varios alumnos con TDAH o con otras dificultades neuropediatricas. Ha sido un ejemplo práctico de atención temprana y los beneficios educativos para este alumnado han sido evidentes.

Otro grupo de alumnos, gracias también a esta colaboración, han podido recibir respuesta a sus necesidades educativas que el centro, por diversas circunstancias, no podía dar. Es el caso de los niños y niñas con problemas de lenguaje y comunicación que han sido derivados a clínicas de logopedia concertadas con el servicio público de salud.

En otros casos, la consulta a los pediatras ha servido para descartar cuestiones médicas, quedarnos todos tranquilos y realizar un abordaje pedagógico de los problemas encontrados.

En definitiva, el alumnado con dificultades y sus familias, han podido recibir una intervención más integral: educativa y pediátrica.

Algunas claves  de la colaboración

Como habéis podido comprobar, personalmente estoy satisfecho de la relación de colaboración. No es perfecta, ni tampoco cien por cien efectiva, pero funciona razonablemente bien, que en nuestros tiempos eso ya es rozar la “excelencia”.

Curiosamente solo hemos tenido un encuentro informal que no duró más de cinco minutos. No hemos celebrado ninguna reunión de coordinación, ni de análisis de casos, ni hemos creado un protocolo de colaboración, ni tampoco hemos abierto un libro de actas donde queden reflejadas las decisiones y acuerdos por ambas partes; tampoco hemos creado un control de calidad, ni hemos evaluado la coordinación con sesudos cuestionarios e indicadores… ni siquiera hemos intercambiado los correos electrónicos.

Nada de eso ha sido necesario para que la colaboración entre el servicio de pediatría del centro de salud y el servicio de orientación  de mi colegio funcione relativamente bien, aunque nadie lo sepa y no aparezca en ninguna memoria de calidad.

Es más, estoy convencido que si establecemos un protocolo, coordinación, actas, proyectos… la colaboración dejará de funcionar. Así que por mi parte, trataré de evitar que eso suceda.

Seguro que no queremos ser ejemplo para nadie, pero es una demostración de que lo importante para que las cosas funcionen es dejar a los propios implicados que se organicen y tener la voluntad de hacer las cosas, no es cuestión de burocracia.

Desde aquí les quiero agradecer a esos profesionales su colaboración e interés. Reconocer su labor, el servicio que prestan, el bien que han hecho a muchos niños y niñas de mi colegio y si seguimos juntos, que sigamos así.

Jesús Jarque García

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14 comments on “A los pediatras de mi cole

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