Las tres llamadas de atención

“Le llamo veinte veces la atención y no me hace caso”; “hasta que no me enfado de verdad no viene”; “paso todo el día gritándole… ” Seguro que a muchos de vosotros, papás y mamás os suenan estas quejas porque las vivís en vuestras propias carnes.

Mano señalando las tres llamadas de atención

Imagen tomada de Morguefile.com

La llamada de atención es una de las técnicas básicas en la educación de los hijos. Cuando se utiliza correctamente puede resultar muy eficaz, ahora les explico cómo hacerlo.

LIMITARLAS A TRES

En lugar de veinte veces, lo ideal es que las llamadas se limiten siempre a tres. De esta forma los niños y niñas aprenden que ese es el límite: mejor tres que veinte.

GRADUARLAS

Algunos padres no gradúan las llamadas de atención: la primera es ya de máxima intensidad. Graduar el tono de las llamadas de atención les confiere más eficacia.

La primera se hace en un tono amable, en realidad es una petición: “por favor, límpiate primero los dientes y después te sientas a ver la tele”.

La segunda se hará en un tono más serio y contundente, pero sin necesidad de gritar: “Te he dicho que te limpies los dientes y que después podrás ver la tele”.

La tercera y última, sin gritar, con contundencia y adelantando las consecuencias: “límpiate los dientes ya o no verás la tele en toda la tarde”.

Si la tercera tampoco resulta efectiva pasamos a la acción: le obligamos a limpiarse los dientes y llevaremos a cabo la medida.

VENTAJAS

Graduar las llamadas de atención permite al niño conocer la importancia de la orden y de la situación en la que se encuentran.

Limitarlas a tres, tiene como ventaja que son tomadas más en cuenta, no tenemos que agotarnos y aprende que si no se cumplen las normas, hay consecuencias.

Si tienen problemas en este aspecto… les animo a practicar.

Jesús Jarque García

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18 comments on “Las tres llamadas de atención

  • Gracias! Pero yo el problema lo tengo despues de la tercera… ¿y como le obligo a lavarse los dientes? ¿lo arrastro al baño y le meto el cepillo en la boca?
    Gracias!

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  • No gritar es un buen primer paso en la educación de nuestros hijos, pero cambiar la palabra consecuencias por castigo no ayuda en nuestra labor como padres. Una consecuencia a no lavarse los dientes sería que tendremos problemas bucales en un futuro, pero nunca que dejaremos de ver la televisión. Se pueden y se deben encontrar alternativas al castigo. Una educación sin gritos, amenazas ni castigos es posible. Desde el amor y el respeto hacia nuestros hijos, sin necesidad de imponer la ley del más fuerte.
    Sinceramente, no creo q haya q obligar, creo q hay q explicar el motivo por el q se nos debemos lavar los dientes, y no es una labor que haya q hacer en ese momento sino concienciar al niñ@ con historias, anécdotas, nuestro ejemplo… Para q quiera lavarse los dientes. Y tener en cuenta también q se puede llegar a un acuerdo con el/ella, sobre en q momento quiere lavarse los dientes.
    Es posible q cueste mas trabajo pero la satisfacción también es mayor.

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    • Hola Mamen, gracias por tu comentario. Hay aspectos con los que estoy de acuerdo; con otros no. Claro que es importante razonar,negociar, llegar a acuerdos, ceder…Se ha desterrado de la educación de los hijos las consecuencias: como si los padres que las aplican fueran malos padres o ineficaces. Este tipo de mensajes hace años que están presentes, han calado mucho y han hecho mucho daño a los padres y a los profesionales que solemos ser poco creíbles y considerados demagogos. Explicarle a un niño que si no se limpia los dientes tendrá problemas bucales en el futuro… suele ser poco eficaz, porque los niños, en general, no tienen esa altura de miras: los niños, miran el aquí y ahora y por su propio desarrollo cognitivo, la capacidad de controlar sus propios impulsos y deseos es limitada.
      No decimos que se reduzca la educación a las consecuencias… pero es una variable más, porque en la vida real, está presente, o debería estar, porque vivimos en una sociedad donde no hay consecuencias: ¡así nos va!
      Hay que dialogar con ellos, hay que razonar, tener paciencia, no gritar… pero en ocasiones hay que obligar y sufrir consecuencias: y no pasa nada, ni los padres son malvados, ni malos padres, ni creamos traumas. Si un niño no se quiere bañar, tomar un medicamento, ir al colegio, limpiarse los dientes, bajarse de un lugar de peligro, ponerse el cinturón de seguridad, dejar el columpio a otro niño, etc, etc. podremos razonárselo, pero tendremos que obligarlo en un momento dado. Y los padres que obligan, que imponen consecuencias… y hasta los que gritan alguna vez, no son ni malos padres, ni por eso no respetan a sus hijos, ni los quieren menos. ¡Claro que otra educación es posible!

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  • Yo también lo hago, pero doy la orden y consecuencia si no lo hace y entonces cuento hasta tres con los dedos en alto y el tono serio y tajante. Suele funcionar y después le felicito

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