Todavía es pequeño, vamos a esperar a ver si mejora

Todavía es pequeño, vamos a esperar a ver si mejora. ¿Verdad que a muchos os suena? Seguro que como maestros o como padres, algunos habéis escuchado esta respuesta después de haber detectado algún problema en el desarrollo de un niño o niña.

Todavía es pequeño, vamos a esperar a ver si mejora. Artículo de Jesús Jarque sobre la importancia de la detección precoz e intervención temprana

Me refiero a situaciones en las que han detectado signos de alarma respecto a las problemáticas más frecuentes en la edad escolar: Trastorno del espectro del autismo, trastornos del lenguaje y la comunicación, TDAH, Trastornos del aprendizaje, etc.

Como saben, trabajo como orientador en un colegio público de Educación Infantil y Primaria. Creo que ya tengo el suficiente bagaje profesional como para afirmar que la frase, todavía es pequeño, vamos a esperar a ver si mejora es una medida temeraria.

No quiero que nadie se sienta ofendido, si es así, desde ya pido disculpas. Mi intención con esta entrada no es otra que compartir mi reflexión, mi experiencia y mi punto de vista. 

Una frase temeraria: todavía es pequeño, vamos a esperar a ver si mejora

Como decía en la cabecera del artículo muchos padres, profesores y yo mismo como orientador, hemos escuchado la frase.

Suele venir del ámbito sanitario, generalmente: es una frase frecuente en muchos pediatras cuando el colegio, las propias familias o ambos, dan la voz de alarma.

Pero desgraciadamente, esa frase temeraria también proviene de muchos colegas orientadores: así me lo confesáis muchos maestros y familias.

A ver si te escucha mi orientadora, que siempre me dice que todavía es pequeño… –me soléis comentar padres y educadores, bastante indignados en los cursos que imparto.

De qué estamos hablando

Me estoy refiriendo a diferentes signos de sospecha o de alarma con los que nos encontramos en la escuela desde los 2 o 3 años en adelante.

Hablo de esas edades, porque son con las que recibimos a los niños en los colegio, pero me consta, que ya en las escuelas infantiles vienen dando la voz de alarma:

  • Niños que con 2 o 3 años no hablan.
  • Niños que con esas edades tienen importantes problemas de comunicación.
  • Alumnado que con 2 o 3 años ya muestra signos de sospecha de TEA, como inflexibilidad, problemas de comunicación, estereotipias…
  • Alumando que presenta dificultades de aprendizaje desde los 3 años: no aprende los colores, el nombre de sus compañeros, las dos o tres vocales que se machacan durante todo un curso, los números…
  • Niños que presentan conductas hiperactivas e impulsivas que se salen de lo habitual en las edades de 2 o 3 años
  • Problemas de conducta importantes en esas edades.
  • Problemas importantes de control de esfínteres.
  • Etc, etc…

Desgraciadamente no mejoran

La evidencia empírica de todos los años que llevo trabajando como orientador en las etapas de Educación Infantil y Primaria me dice que desgraciadamente, esperando, no mejoran.

Es más, puedo afirmar basándome en mi experiencia, que esperando a ver si mejoran, los niños empeoran.

Lo digo así de claro: yo por lo menos, no me he encontrado ningún caso en el que hubiera signos de alarma que simplemente esperando, el niño hubiera mejorado.

Pero vamos a dejar alguna posibilidad. De todas formas, por simple probabilidad, en la gran mayoría de los casos, esperar sin hacer nada, no conduce a la mejora espontánea. De esta forma, utilizar la frase “vamos a esperar a ver si mejora”, es apostar justamente al caballo que tiene todas las de perder ¿no es temerario?

No son pequeños

La primera parte de la frase temeraria dice “todavía son pequeños…”, es una afirmación equivocada. Si con dos años un niño no habla, mucho más si no lo hace con tres, no podemos decir que sea pequeño. A esa edad ya debe hablar, porque además, venimos así programados biológicamente.

Que un niño comience a hablar espontáneamente a los 4 o 5 años, es la excepción, no la regla. Por cierto, nunca he visto un caso milagroso como ese, en el cual al niño o niña no le ocurriera nada.

No son pequeños si un niño con 2 o 3 años no muestra intención comunicativa, o tiene importantes problemas que se salen del promedio del grupo de su edad.

No son pequeños si un niño o niña después de estar cuatro meses trabajando el color rojo, o el amarillo, no lo aprende, o si un niño no puede verse quieto, corre sin parar, “actúa como si tuviera un motor” en cualquier situación;  o ya con 3 años, no controla la caca.

Se desconfía de la opinión del maestro

En el fondo se desconfía de la opinión del maestro o de la maestra: desconfían muchos profesionales del ámbito sanitario, padres y lo que no me deja de sorprender… desconfían orientadores educativos.

Y el maestro o maestra ya desde los tres años (estoy seguro de que en la Escuela Infantil también) tiene algo que no tenemos ni los orientadores, ni los pediatras, ni mucho menos los padres: tienen un baremo de la población infantil en su cabeza. Tienen la posibilidad de comparar lo que son conductas habituales o más o menos frecuentes, con conductas o signos excepcionales.

El ojo clínico de los maestros

Los maestros pasan muchas horas con los niños, muchos días, muchas semanas… saben de lo que hablan y saben cuando algo es relativamente frecuente y cuando algo es problemático y excepcional.

En el centro en el que trabajo la fiabilidad de las maestras de infantil se acerca al 100 % . Siempre que las maestras de tres años, (el primer curso de Educación Infantil) me dicen:

Jesús, sé que tienes mucho trabajo, pero en cuanto puedas, vas a tener que valorar a este niño o niña. Yo no sé decirte lo que es, pero algo le pasa.

Efectivamente, hasta hoy, en todos los casos, han acertado: desgraciadamente había algún desajuste.

Sin valorar los signos de alarma

Pero por increíble que parezca, con esos índices de fiabilidad hay gente tan temeraria que no hace caso. Lo más grave no es que lleguen a la conclusión de que todavía es pequeño, vamos a esperar a ver si mejora, después de haber hecho una valoración más o menos exhaustiva, sino que lo logran con un simple vistazo: ¡qué envidia llegar a valorar a un niño con tan solo mirarlo!

No entiendo por qué se hace

Es algo que no alcanzo a entender por qué se sigue utilizando la dichosa frase, aunque tengo que decir que la tendencia está cambiando.

Por qué se arriesgan a la solución más improbable, por qué se arriesga  a lo más temerario, por qué se apuesta al caballo perdedor.

Desde el ámbito sanitario no lo entiendo, cuando en otro tipo de enfermedades o patologías, a ningún pediatra se le ocurriría utilizar esa frase. Tampoco lo entiendo de los orientadores que trabajamos en el ámbito escolar y que tendrán la misma experiencia que yo: que esperando… no se mejora, se empeora.

Contra los principios pedagógicos recogidos en la legislación

La frase además, va contra dos principios pedagógicos y de intervención que están recogidos en la legislación educativa española y de todas las comunidades autónomas:

  • El principio de detección precoz.
  • El principio de atención temprana.

No hay Proyecto Educativo, Plan de Orientación ni Plan de Atención a la Diversidad de cualquier centro que no haga alusión a esos dos principios. Pero una cosa es lo que escribimos, y otra muy diferente lo que hacemos.

Una frase que fastidia

Tanto mis compañeros educadores, como yo como orientador, solemos recibir tal afirmación con una gran desilusión y también con indignación.

Cuando a una familia se le comenta, por ejemplo, que debe comentar con el pediatra algunos signos de alarma, no es algo que hagamos desde la escuela a la ligera y de forma improvisada.

En mi caso, como harán la mayoría de orientadores, se hace tras un periodo de observación que confirma que no es algo pasajero. Se recoge información de manera exhaustiva de la tutora, se aplican pruebas psicométricas y de otro tipo al propio niño, se recoge información de la familia…

Es decir, se deriva, después de un proceso de recogida y análisis de información. Además, eso lo plasmamos en un informe escrito y firmado.

Curiosamente nunca he recibido ningún informe escrito y firmado donde aparezca que “todavía es pequeño, vamos a esperar a ver si mejora” y además, aparezca argumentado.

En algunos casos, la familia también recibe la frase con desilusión, pero en otras lo hace con indignación hacia el colegio:

Veis como a mi hijo no le pasa nada. –suelen reprocharnos cuando le han dicho la frase tranquilizadora.

Pero al margen de la desilusión e indignación, lo peor es que el gran perjudicado suele ser el niño.

Qué se puede hacer

Este artículo quiere ser constructivo, me gustaría que las cosas cambiaran. Afortunadamente comparto mi trabajo con excelentes profesionales que hacen las cosas bien y mi experiencia es positiva, y hasta cierto punto… lo que debería ser. Por eso, lo que propongo es lo siguiente:

1. No aceptar esa respuesta Todavía es pequeño

Si eres padre o madre y te han dado la voz de alarma desde el centro educativo, o tú mismo tienes sospechas de que algo no funciona bien, no aceptes esa respuesta. Recuerda que es apostar a la más improbable. O al menos, no la aceptes como única respuesta.

¿Y si no mejora? ¿Cómo recuperas el tiempo perdido? No la aceptes, busca igualmente una segunda opinión.

Y si eres educador tampoco la aceptes, al menos que te la den por escrito en un informe. Deja constancia escrita de que tú vistes signos de alarma y que fueron desatendidos.

2. Atender los signos de alarma

La labor de los maestros y educadores no es emitir un diagnóstico clínico. Su labor es dar la voz de alarma.

La labor del ámbito sanitario, de los orientadores y de otros profesionales es atender a esos signos de alarma. Para ello se pueden llevar a cabo diferentes actuaciones:

  • Iniciar los procedimientos de diagnóstico o valoración. En el caso de los orientadores, realizar la evaluación psicopedagógica cuanto antes.
  • Derivar a otros especialistas. Si no se tienen las ideas claras o simplemente se desconoce lo que se tiene entre manos, es inteligente derivar a otros especialistas, pero no aparques el problema.
  • Establecer posibles hipótesis diagnósticas. El DSM-5 da incluso la posibilidad de establecer un diagnóstico provisional. El diagnóstico, aunque sea provisional, abre las puertas para que los niños reciban atención y tratamientos, al menos, en el contexto escolar.
  • Iniciar el tratamiento. El tratamiento médico que corresponda, pero desde el contexto educativo, establecer el tratamiento educativo o pedagógico. Es un tratamiento que no tiene efectos secundarios y que tiene un carácter también preventivo. Si un niño con 3 años no habla y comienza a recibir terapia de logopedia, eso no le va a perjudicar, ni le va a dejar ninguna secuela negativa, al contrario, si efectivamente hay un trastorno, el pronóstico será mucho mejor.
  • Si fuera necesario, comenzar con medidas de tratamiento y estimulación desde fuera del colegio: ya sea en el hogar o en el ámbito clínico.

Para ir concluyendo

En primer lugar, La experiencia empírica de años trabajando como orientador en Educación Infantil y Primaria me dice que el pronóstico de los niños que se detectaron y comenzaron a trabajar entre los 2 y 5 años no es comparable, con aquellos niños que se han detectado y comenzado a trabajar más allá de esas edades. Mucho mejor cuando se han detectado con 2 que con 3 años; mejor con 3 años que con 4 y así sucesivamente.

Y con ellos se empezó a trabajar sin un diagnóstico clínico oficial, de hecho, muchos de ellos terminaron la etapa de Primaria y todavía no lo tienen. Sin embargo, sin diagnóstico, aunque solo sea provisional, los niños no pueden beneficiarse de tratamientos o de apoyos especializados.

En segundo lugar, no utilices la frase “Todavía es pequeño, vamos a esperar a ver si mejora”, como la primera medida; al contrario, déjala como última opción, o mejor aún, no la utilices. Puede ser una respuesta que inicialmente te alivie y te quites un problema de encima, pero el problema no se ha solucionado: estará ahí y volverá con más virulencia. Atiende los signos de alarma.

Y en tercer lugar, termino con una afirmación de Francisco Mora en su libro Neuroeducación, en las páginas 54-55:

Cuando se habla de intervenciones tempranas, se dice, entre los especialistas, que un niño de cuatro o cinco años ya no tiene una edad verdaderamente temprana para detectar muchos síntomas. Muchos déficit se expresan antes y las intervenciones deberían ser realizadas, consecuentemente, antes de esa edad.

Espero que este artículo os haga reflexionar y os pueda ayudar en vuestra labor.

Jesús Jarque García

Puedes seguirme también en las redes sociales

Facebook Twitter Google+ 

11 comments on “Todavía es pequeño, vamos a esperar a ver si mejora

  • No esperar para afrontar el problema, no aceptar diagnósticos cerrados a edades tan tempranas. He visto diagnósticos de autismo en niños de menos de dos años hechos con unos protocolos rígidos y ridículos, no etiquetar, no condicionar la mirada optimista de los padres.

    Reply
  • Asun Sualdea says:

    Jesús, una vez más, creo que expones las cosas con suficiente claridad, que viene avalada por tu enorme trayectoria profesional.
    Estoy muy de acuerdo, pues yo -también llevo bastantes años en Educación- soy de la opinión que prefiero pecar por exceso que por defecto en cuanto a la llamada de atención que le hacemos a nuestros orientadores cuando creemos tener datos suficientes de detección de elementos que nos alarman en la conducta o desarrollo de un niño. Vale más prevenir que curar, y para eso estamos, o deberíamos estar todos.

    Un abrazo y gracias por compartir tu trabajo.

    Asun

    Reply
  • Estoy totalmente de acuerdo… nosotros tuvimos q luchar para ir contra esa frase. como padres sabemos cuando algo no anda bien…quizás no sabemos q es….pero lo sabemos muy dentro. Y siempre les decíamos a los médicos x favor no podemos dejar pasar ni un minuto, x más q luego entendí q lleva su tiempo….
    Mi aporte es no dejen para después. Lo importante son los niños no las etiquetas…a caso no queremos ayudarles lo antes posible para darles herramientas a ellos y a nosotros para poder conseguir lo q todo padre quiere…q su hijo sea feliz.

    Reply
  • ¡Qué razón llevas! ¡Menos mal que los profesionales, cada vez más, van estando más formados!
    Tengo un hijo que ahora está diagnosticado con TDAH severo, pero, en su día, cuando fuimos a consultar con el orientador del colegio a instancias de su profesora, éste, sin conocernos de nada y sin dignarse siquiera a ir a la clase de mi hijo (con lo cual ni siquiera había visto ni sabía quién era el niño), nos dijo que el niño tendría lo que los padres quisiésemos que tuviese y que seguro que le malcriabamos y no le poníamos límites (que no era el caso). ¡Que indignación!
    El director del colegio nos dijo que no le diésemos importancia, que ya maduraría… jajajaja ¡Menos mal que no hicimos caso!
    Por cierto, muchas gracias por toda la información y el material que compartes. Son de gran ayuda.

    Reply
  • excelente nota gracias por ellos
    De todas maneras no se queden con una sola opinion es mas los profesionales diagnostica a edades de 3 años sabiendo que es imposible dar un diagnostico definitivo hasta los 6 o7 .esas decisiones de los doctores empeoran la calidad de vida de los niños y los padres , busquen al alternativas siempre , terapias ,fonoauditologas y sobre todo un colegio que respete a los chicos , gran parte de los colegio no saben tratar a un chico inquieto solamente por eso ya te pones millones de peros.

    Reply
  • Pienso que en esta entrada se dicen grandes verdades. Quiero ser constructiva y aportar mi punto de vista.
    Soy madre de una adolescente de 16 años diagnosticada de Trastorno Específico del Lenguaje y también, soy médico de Familia, y, aunque, la pediatría no es mi especialidad, veo muchos niños ya que trabajo en un Punto de Atención Continuada.
    Hace unos 13 años, como profesional sanitario, yo no había oído hablar del TEL, tampoco había recibido formación durante la rotación de Pediatría de los otros Trastornos del Neurodesarrollo. Ella nació con el nuevo milenio, se llevaba hablando de la entonces disfasia, unos pocos años. Cuando mi hija tenía 3 años pasados y se comunicaba pero apenas hablaba, acudí a su Pediatra, quien le derivó al servicio oportuno. Ojalá la hubiera derivado antes! Ojalá me hubiera preguntado por cómo hablaba! Ojalá yo hubiese sabido lo que sé ahora!
    Y…en el colegio…qué decían? es pequeña, procede de una familia castellano parlante, en el colegio se habla euskera…no supieron orientarme. Claro! Ellos tampoco estaban formados! Inició la intervención logopédica porque sus padres fuimos varios pasos por delante y buscamos la ayuda.
    Desde que tiene un diagnóstico, acostumbro a reunirme con la tutora de mi hija al inicio de curso. Hace unos años, me miraban como las vacas al tren, qué está diciendo esta loca? Los últimos años algo mejor, será que se están formando o será que fluye la información de un curso al siguiente?….sigo teniendo la sensación de que vamos por delante.
    Pienso que es una suerte para los niños con dificultades y sus familias estar en un centro como el tuyo donde no sólo tiene te tienen como orientador, además las profesoras están formadas y saben dónde tienen que mirar. Ojalá, fuera esto lo habitual! Tengo mis dudas… En el País Vasco se está implantando un protocolo de atención temprana en el ámbito educativo en el que tengo confianza y lo cierto es que cuando acudo acompañando a mi hija a la logo, veo un montón de niños pequeños.. será por el protocolo? Será que mi hija nació demasiado pronto?
    Como médico convencida de que el sistema sanitario puede y debe de dar una mejor atención a estos temas, he procurado formarme, leer, aprender…para poder atender mejor estas necesidades y para, sino formar, informar a mis compañeros pediatras de este tema. Existen herramientas en la Atención Primaria que sirven para detectar problemas del desarrollo…Haizea-Llevant, Cast, MChat, cuestionario de preocupación de los padres…saber qué buscas es casi esencial para encontrar. He tenido la suerte de poder dar alguna charla a médicos y enfermeras que trabajan con niños sobre este tema y lo cierto es que he encontrado en ellos interés y agradecimiento por poner un poco de luz. En cuanto a mi forma de atender…desde que sé algunas cosas del neurodesarrollo, sé de su importancia y estoy sensibilizada…vaya si se ven! y compruebo que las familias siguen estando desorientadas.
    Sueño con un encuentro multidisciplinar, un encuentro que reúna a todos los agentes implicados en el TEL…familias, educadores, sanitarios, social, universidad…tengo el sueño de construir entre todos un futuro mejor para los afectos.
    Gracias Jesús por tu artículo, gracias por hacerme reflexionar.

    Reply
  • Hola de nuevo
    Ayer se me olvidó comentar otra situación frecuente y que como madre me ha tocado vivir. Cuando hay algo que no funciona a nivel escolar, la familia somos preguntados sobre nuestra situación familiar…que si nos llevamos bien los padres, que si somos lo suficientemente amorosos para con nuestros hijos, pero, sin caer en el sobreproteccionismo…que si no es lo autónomo que debería de ser….uffff… Tanto abarca el aspecto emocional, que la familia termina encontrando algo que hace mal y sintiéndose culpable…y éso sin tener en cuenta que el tener un hijo/a con dificultades supone una fuente extra de stres familiar que evindentemente tiene su repercusión en el ámbito emocional.
    Un saludo
    Carmen

    Reply
  • hay un video hermoso que les voy a pasar que habla de como van cambiando las cosas y que buscamos ponerle a todo un titulo medico o diagnostico ,

    Reply

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Completa la operación matemática * Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.